Alba y ocaso de las multinacionales españolas

Publicado: 15/04/2012 de Fernando Lario en Economía

En los años 80, las más grandes empresas españolas recibieron de la Administración socialista, bajo la dirección de Felipe González, el encargo de convertirse en grandes multinacionales. Había, por supuesto, empresas en este país que ya habían hecho inversiones y adquisiciones en el exterior, pero lo que se conoce como gran multinacional era algo que no teníamos. Las tres empresas industriales mayores, Endesa, Repsol y Telefónica, eran propiedad del Estado, empresas públicas, y, en cumplimiento de ese mandato, iniciaron un proceso agresivo de expansión y de privatización escalonada que las llevó a cotizarse en Bolsas extranjeras, principalmente en la de Nueva York. Los analistas e inversores americanos descubrieron que las Bolsas españolas habían minusvalorado sistemáticamente los pequeños paquetes de acciones que se cotizaban aquí –algunas estaban incluso por debajo de su valor contable- y se lanzaron a comprarlas con fruición, haciendo subir sus precios de modo notable. Quienes estuvimos envueltos en aquellas operaciones recordamos la sensación de estar en la cresta de una ola, avanzando a toda velocidad. Cualquier presentación que organizábamos ante analistas e inversores institucionales, para explicar la gestión empresarial y la evolución de la economía española, contaba invariablemente con una asistencia masiva y expectante. España estaba de moda en América y quienes invirtieron en sus multinacionales ganaron mucho dinero. Quien más ganó de todos, lógicamente, fueron las arcas del Tesoro, que ingresaron cantidades de dinero que nunca habían podido soñar por cada escalón de privatizaciones que se producía. La última en quedar totalmente privatizada fue Endesa, en el año 98, ya bajo administración del PP.

Sin embargo los políticos españoles, acostumbrados a manejar las empresas públicas a su antojo, no parecieron registrar el hecho de que ya no pertenecían al Estado y siguieron ejerciendo su influencia sobre ellas, notablemente en la elección de Presidentes, aunque también imponiendo criterios de gestión bajo la excusa de que todas ellas operaban en sectores regulados o considerados “estratégicos”.

La mayor de todas las manipulaciones políticas se produjo en la fallida operación de adquisición de Endesa por Gas Natural, auspiciada por un genio de la economía llamado José Luís Rodríguez Zapatero, a la triste sazón Presidente del Gobierno de España.

La operación, que, habida cuenta de la diferencia de tamaño entre las dos empresas, era  casi como si yo quisiera comprar Banesto, tenía dos vertientes político-económicas. De un lado, se le regalaba a Cataluña los impuestos de una de las empresas mayores y mejor saneadas del país, dado que el proyecto incluía el traslado de su sede social a Barcelona; y de otro, se privaba a la Comunidad de Madrid, recalcitrantes votantes del PP, de esa fuente de ingresos. Cual era la contrapartida que la Generalitat de Catalunya daría al gobierno del PSOE a cambio de ese expolio es algo que nunca sabremos porque la operación falló gracias al Presidente de Endesa, Manuel Pizarro, que no estuvo dispuesto a que su empresa se vendiera por dos duros, pagados además no en dinero sino en cromos y estampitas, e inició una campaña de búsqueda de compradores cuyo proceso hizo subir la cotización de Endesa hasta casi el doble de lo que ofrecía Gas Natural, haciendo así la siniestra operación totalmente inviable.

La empresa alemana E-ON, que estaba dispuesta a pagar el valor real de Endesa se enfrentó a un gobierno hostil –el entonces Ministro de Industria dijo públicamente “esos señores conocen muy bien Endesa, pero no conocen España”- que no estaba dispuesto a que Manuel Pizarro ganara la partida; así que poco después, el Sr. Rodríguez Zapatero tuvo una entrevista privada con el entonces Presidente de la República Italiana. No sabemos qué le ofreció, pero al día siguiente Enel, empresa eléctrica pública italiana, adquirió una participación importante en Endesa, mientras que Acciona hacía lo propio.

Tras un tiempo de trapicheos, Acciona vendió su participación a Enel y lo que había sido una gran multinacional española, pública y después privatizada, pasó así a ser una multinacional pública italiana.

Telefónica sigue siendo española, pero está a punto de trasladar su sede social a Brasil, pasando así a ser brasileña, lo que privará al Tesoro español de los ingresos fiscales por toda su actividad global, reduciéndolos a solo los de su actividad española, que es un 30% del total. Realmente brillante.

Cristina Fernández de Kirchner (Presidenta de Argentina)

Y así llegamos a Repsol, que es ahora noticia. Siguiendo la tradición de rapiña que caracteriza a algunos gobiernos sudamericanos, notablemente el argentino, el de ese país está en estos momentos lanzando un ataque para robar a Repsol la empresa argentina YPF, que el gobierno de aquel país privatizó y le vendió a precio de mejor postor. Utilizando los recursos gubernamentales, ha ido privando a YPF de licencias de yacimientos en diversos puntos de Argentina, haciendo así que las acciones de Repsol caigan en picado en las Bolsas –Madrid, Nueva York y Buenos Aires- y preparando el terreno para una nacionalización a muy bajo precio de YPF, lo que significaría, de realizarse, que Repsol quedaría reducida a menos de la mitad de lo que es ahora. Afortunadamente, el gobierno español actual ha reaccionado en pública y abierta defensa de la empresa, algo que la Administración Zapatero, preocupada con la Alianza de Civilizaciones y fomentar las relaciones con gobiernos populistas y no democráticos, jamás habría hecho más que tibiamente y tal vez bajo cuerda.

A pesar de ello la rapiña argentina se acaba de consumar y, una vez más, envuelta en la bandera y con una foto de Evita, lider espiritual en su día de la nación -aunque sus comienzos no fueron precisamente espirituales- la Presidenta argentina ha anunciado el expolio de Repsol-YPF. Con ello, habrá caído el telón sobre un proceso de expansión empresarial exterior iniciado y fomentado por una administración socialista que tuvo visión de Estado, y posteriormente destruido por otra administración del mismo partido que, además de interferir en la política de empresas privadas, estuvo formada por mediocres cuya visión no iba más allá de su propio ombligo.

Los ingresos fiscales del Estado volverán así a sufrir otra caída y todos los españoles seremos, como consecuencia, más pobres. Desgraciadamente, dada la dosis de necedad que parece reinar en este país, nadie se acordará de eso a la hora de depositar su voto en las urnas.

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