Breve ensayo comparativo sobre ética

Publicado: 29/04/2012 de Fernando Lario en Política Nacional
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John Profumo y su amante Christine Keeler

En 1961, en lo más álgido de la Guerra Fría, John Profumo, un político y miembro del Parlamento británico con una brillante carrera militar detrás de él y ocupando en aquel momento el cargo de Ministro de Defensa, tuvo una intensa, aunque breve, aventura extramatrimonial con una modelo llamada Christine Keeler. El tema fue llevado con bastante discreción, a pesar de lo cual miembros de la prensa observaron sus idas y venidas y desarrollaron un cierto interés por aquella señora; lo que les llevó a descubrir que ella compartía lecho y juegos malabares eróticos con otros caballeros, entre los cuales estaba nada menos que el Agregado Naval a la Embajada Soviética.

Que un Ministro de Defensa comparta compañera de cama nada menos que con un Capitán de Navío enemigo, cuya misión fundamental no era otra que el espionaje, no es asunto baladí. Sin embargo, ninguno de los dos parecía conocer la relación de la Sra. Keeler con el otro; John Profumo era un ex-militar condecorado y un buen patriota; el servicio de contraespionaje (MI5) quedó satisfecho de que no había habido filtraciones que afectaran a la seguridad nacional; y la prensa, que entonces no era sensacionalista, archivó el tema como algo de índole privada.

La prensa, pero no así la Oposición del malvado Partido Laborista, que llevaba unas cuantas legislaturas –que allí son de 5 años- lamiéndose las heridas de derrota tras derrota ante los Conservadores. Así que un aciago día un miembro de la Oposición se puso en pie y le preguntó directamente si había tenido una relación íntima con Christine Keeler. La respuesta formal de Profumo fue que conocía a esa señora pero que su relación con ella no había sido en ningún momento impropia. Y ahí saltó el escándalo, porque ese miembro de la Oposición tenía datos de que eso era mentira; y mentir en el Parlamento británico es una falta que se considera imperdonable. Y el hombre, que había sobrevivido al desembarco en Normandía y a los durísimos combates que siguieron hasta que la cabeza de playa quedó consolidada, no sobrevivió políticamente a una mentira en el Parlamento. Se vio obligado a dimitir de todos sus cargos y a abandonar el partido, dedicando el resto de sus días al voluntariado en una ONG. Murió, en total oscuridad, hace 6 años. Cuando yo llegué a Inglaterra en 1963, dos años después del incidente, aún coleaba el tema y era motivo de conversación. Los Conservadores perdieron las elecciones de 1964 y una de las razones que circulaban fue la mentira de Profumo en el Parlamento.

Y ustedes se preguntarán por qué les he contado esta vieja historia. Pues ha sido para establecer un contraste entre la praxis política británica y la de no ya nuestro Parlamento sino del pueblo español en general. Se puede resumir, para no alargar demasiado la cosa, así:

1.- La carrera política de Profumo se truncó solo por mentir. En el Parlamento español, la mentira es moneda de cambio. Es más, posiblemente se arruinaría la carrera de quien insistiera en decir la verdad.

2.- Al igual que John Profumo, otros miembros del Parlamento británico acusados de algo indigno han visto sus carreras destrozadas. Aquí, aún estando acusados de algo no ya indigno sino directamente ilegal, se les mantiene alegando la presunción de inocencia –que es legítima en un tribunal de justicia pero no lo es en un cargo político, para el que no cabe presumir nada.

3.- El pueblo británico castigó al diputado embustero y a su partido, que perdió las elecciones un par de años después. En España, entre el 60% y el 70% de todos los alcaldes con procesos judiciales pendientes por corrupción, han sido reelegidos por los ciudadanos tanto en las elecciones del 2007 como en las pasadas de 2011. Es decir, mientras que el pueblo británico piensa que quien miente en el Parlamento no es digno de sentarse en él, el español considera que robar no es indigno ni ilícito, siempre que no le roben a él directamente, claro.

4.- Los políticos británicos “tocados” desaparecen de la vida pública, dedicándose a otros quehaceres. Aquí, como con frecuencia no sirven para otra cosa, siguen comiendo del erario público en puestos de escasa visibilidad o en las listas de sus partidos en las diversas cámaras y consistorios del país.

Con esto creo haber explicado por qué yo, prácticamente todos los días, me avergüenzo de ser español.

[+INFO:  Video Youtube con la película “SCANDAL” sobre el affair John Profumo]

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