¡¡Es la Ley Electoral, estúpido!!

Publicado: 18/06/2012 de Fernando Lario en Política Nacional
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Todos los que somos de mediana edad para arriba recordamos aquella frase –it’s the economy, estupid!- que, acuñada por el Director de Campaña Electoral de Bill Clinton, no solo le hizo ganar las elecciones presidenciales de 1992 sino que dio la vuelta al mundo y ha sido modificada, con cambio del tema central, para reflejar distintas situaciones y problemas en otros países y sociedades. Yo aquí añado hoy una modificación más, aplicable a España y al momento actual.

A lo largo y ancho de la geografía española solo se oyen quejas y protestas. Protestan los parados, los funcionarios, los sindicatos, los del 15M, los pensionistas, las AMPAs … Todo el mundo protesta por unos recortes que son inevitables si queremos que nos sigan prestando dinero y así poder pagar los sueldos, pensiones y servicios, aunque sean reducidos, que nos permitan seguir viviendo como país. Pero muy pocos protestan de la raíz del problema, de la verdadera causa de todos los males que asolan, han asolado y seguirán asolando –si no se le pone remedio- a nuestra sociedad. Porque la madre de todos los vicios, despilfarros, descontroles y corruptelas que nos han puesto donde estamos es nuestro sistema electoral. Por las redes sociales circulan todo tipo de ataques a nuestra clase política, el último de todos uno que declara que en España hay 445.568 políticos, 300.000 más que en Alemania (con la mitad de su población), el doble que el segundo país con más políticos de Europa –Italia- y más que la suma de todos los médicos, policías y bomberos del país, que están sufriendo los recortes presupuestarios. Ignoro si esa cifra es o no absolutamente correcta, o si incluye a los “liberados” sindicales –otra clase parasitaria- aunque lo dudo porque entonces la cifra sería aún mayor. Pero creo que nadie tiene duda de que aquí un porcentaje muy alto de gente vive sencillamente del cuento.

La crítica así, desmedida, me parece injusta y parte, una vez más, de esa obsesión de buscar la culpa en la puerta de al lado. Porque el ser humano no nace ético, se hace. La ética es algo a lo que se llega gracias a la presión social del entorno; y esa es una asignatura que los españoles no solo llevamos arrastrada desde el primer curso sino que hemos formado toda una generación que no se limita a ignorarla, la desafía. Nuestra sociedad es como un patio de recreo de guardería infantil, donde los niños simplemente se arrancan los juguetes unos a otros, sin más contemplaciones y sin que los encargados de la vigilancia se tomen la menor molestia en regañarles. ¿Alguien se ha preguntado por qué? Es fácil, y cómodo, echar la culpa al de al lado, pero el ser humano, si no cuenta con un entorno social que le presione y dirija, tiende a no ser honesto.

Recuerdo una anécdota que circulaba cuando yo era aún muy joven, según la cual un gitano que había ayudado a alguien importante que pasaba por el pueblo a salir de un apuro, preguntado por éste qué podía hacer por él para pagarle el favor, tras meditar unos segundos, contestó: verá, yo lo único que quiero es que me pongan donde haiga”.  Esa parece ser la meta de una importante cantidad de nuestros cargos públicos. Que les pongan donde haiga. Y donde hay más y, sobre todo, más asequible por falta deliberada de control real como consecuencia de una mezcla de corporativismo político, ineptitud, pasotismo y, lisa y llanamente, sinvergonzonería, es en los fondos públicos.

¿Pero es justo acusar al de al lado, en este caso a la clase política? Al final, ellos salen del pueblo y poseen, por tanto, los mismos vicios que el pueblo. Y este pueblo, que tanto sale a la calle a quejarse y protestar ahora, lleva casi cuarenta años sin querer entender ni enterarse de que es imposible controlar a los cargos públicos con nuestro sistema electoral, diseñado específicamente para crear dictadores confirmables o renovables cada cuatro años.

Porque ¿cómo se va a controlar a unos cargos públicos que se nombran entre sí, dentro de una maquinaria controlada por el inquilino de Moncloa y, en menor cuantía, por las cabezas de los partidos de la oposición que negocian y se reparte el pastel sin más interés que el personal y partidista?

Más preguntas: si usted pudiera elegir a sus representantes en cámaras legislativas y municipios,

  • ¿Se habría el Sr. Dívar, que fue nombrado directamente por J.L. Rodríguez Zapatero, sentido suficientemente fuerte y seguro como para abusar de su posición y cargar sus juergas de fin de semana al erario público? ¿No habría temido al control del propio órgano al que sirve?
  • ¿Se habrían sentado políticos y sindicalistas en los consejos de administración de las empresas públicas y especialmente de las Cajas de Ahorro?
  • ¿Se habrían utilizado los recursos de esas Cajas para dar, y posteriormente condonar, créditos a los partidos políticos?; ¿para financiar obras faraónicas sin viabilidad presente ni futura, y sin otro motivo aparente que generar comisiones?; ¿para operar con una gestión de auténtico desmadre, con consejos de administración celebrados en Chicago o en Delhi, blindajes de cargos, pensiones e indemnizaciones de decenas de millones, en lo que la última edición de la revista The Economist califica, de modo más cortés pero igualmente firme, como gestión con una ineptitud de dimensiones épicas?
  • ¿Tendríamos los problemas que tenemos con ciertas Comunidades Autónomas?
  • ¿Habrían funcionado las comisiones de investigación parlamentaria, o habrían continuado siendo un circo, como hasta ahora?
  • ¿Se habrían aprobado muchas de las leyes que se han promulgado, y rechazado otras presentadas?
  • ¿Existiría el absentismo y falta de interés que ahora se aprecia en las sesiones rutinarias de las cámaras legislativas y municipios?
  • ¿Habría la creciente falta de participación y desinterés en las diversas convocatorias a elecciones que venimos padeciendo?
  • …….
  • …….

Puedo seguir, casi indefinidamente. Pero lo importante no es hacer un listado de los errores del pasado, sino evitarlos en el futuro. Y para ello, hay que atacar la raíz del problema: se trata de un problema sistémico y por ello hay que cambiar el sistema. No basta con aplicar cuatro parches, dolorosos pero solo parches, para hacer frente a la crisis actual. Al igual que, tras unas inundaciones, no basta con limpiar el barro y conceder ayudas a los damnificados. Porque si algo podemos tener seguro, es que volverá a llover.

A esta crisis y todas sus consecuencias nos ha llevado un problema sistémico que hay que resolver con cambios de sistema, no parches, porque sin duda “volverá a llover”. Es necesario democratizar y controlar los poderes públicos, recuperar la perdida separación de poderes –resucitando a Montesquieu, aunque al caradura de Alfonso Guerra le dé un ataque- y hacer que en las cámaras y plenos municipales donde se legisla se sienten personas elegidas por usted y por mí, no por una cabeza de partido con resabios y vocación dictatoriales.

Por todo ello, dejemos de culpar y vituperar a la clase política que hemos creado nosotros mismos con el abandono de nuestras obligaciones ciudadanas, busquemos un cambio que nos permita tratar nuestra enfermedad social, que es realmente seria y de tratamiento lento y penoso, y demos el mensaje a todos los que se quejan y protestan ante lo irremediable, para que su queja y protesta no sean inútiles: ¡¡es la Ley Electoral, estúpido!!

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