Archivos para julio, 2012

Se ríen de España y de los Españoles

Publicado: 30/07/2012 de Rafael Pizarro en Economía, General
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Juan Torres López (Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla)

10-07-2012

Leer las páginas económicas, o incluso solo las portadas, de los medios se está convirtiendo en un ejercicio de puro masoquismo: no hay manera de disimular el ridículo que está haciendo España.

Hace un mes que se aprobó el rescate de la banca española que según Rajoy resolvía el problema de nuestra economía y que mereció una surrealista felicitación del rey Juan Carlos. En este tiempo ha habido cumbres y varias reuniones de los ministros de Economía pero hasta el momento no se han fijado ni las condiciones concretas, ni qué cantidad exacta se precisa, ni cuándo comenzará a ser efectivo. Se hacen declaraciones contradictorias diciendo un día blanco y otro negro pero siempre se insiste en lo mismo: hay que seguir rebajando gastos y derechos y reduciendo los ingresos de los trabajadores. Lo que era la solución resulta que lo ha empeorado todo y nadie, sin embargo da cuentas de ello.

Se han reído de nosotros. El objetivo es salvar a la banca alemana, que es lo que de verdad les interesa, pero quieren hacerlo con las máximas garantías y eso obliga a que el rescate sea uno definitivo, directamente sobre la economía española y con la garantía directa del Estado. El de los 100.000 millones para los bancos no era sino una salva porque resulta infumable: nadie puede entender que si es a los bancos a quien hay que rescatar se haga responsable de ello a los ciudadanos en su conjunto. Por eso, para provocar el grande, están dejando que nos precipitemos al abismo, no porque la cuantía de nuestra deuda pública sea excesiva, como dicen, sino porque nos atan de pies y manos y nos empujan ante los inversores. Simplemente haciendo lo que está haciendo el Banco Central Europeo, nada de lo que haría un banco central auténtico, bastará para que seamos intervenidos en poco tiempo y para que nuestra economía sea puesta bajo control directo y permanente de los acreedores alemanes. Queda muy poco tiempo para que las comunidades autónomas se declaren sin liquidez y para que el propio Estado, con tipos en los mercados superiores al 7% u 8% se reconozca incapaz de hacer frente a sus compromisos de pago. Esa es la secuencia inevitable que producen las medidas que se están tomando.

Si lo que quisieran de verdad fuese salvar a nuestra economía y al euro no harían lo que están haciendo ni nos seguirían obligando a tomar medidas que van a hundir más la demanda, la generación de ingresos, o incluso la posibilidad de que paguemos la deuda que dicen querer que paguemos. Si desearan realmente frenar la presión de los mercados bastaría que el Banco Central Europeo fuese lo que no es, y que se adoptara una estrategia de creación de actividad y empleo para toda Europa en el marco de un pacto global de rentas, pero es que no buscan eso. Quieren que la prima de riesgo siga subiendo para extorsionar más fácilmente y acelerar lo que revestirán como una situación de emergencia que no admita retóricas. Se ríen de nosotros porque lo que van buscando es someter a nuestra economía y no a salvarla en un marco de cooperación y unión europeas.

La última tomadura de pelo de quienes se pasan todo el día diciendo que hay que respetar a los mercados y dejarlos que actúen con plena libertad ha sido salvar una vez más la cara de los bancos permitiendo valorar sus activos a precios “razonables” en el marco de una agencia inmobiliaria sui generis, como ya adelantamos que harían en nuestro libro Lo que España necesita. Es decir, que una vez más se pasan por el forro lo que establecen libremente los mercados que tanto dicen respetar: Si el precio razonable no es el que fijan los mercados ¿para qué puñetas sirven? Se ríen de nosotros porque una vez más nos están robando delante de nuestros mismos ojos.

En España es nuestro propio gobierno quien se ríe de nosotros engañándonos sin piedad.

El ministro de Economía alaba sin descanso a las autoridades europeas, agradece sus propuestas razonables y jura y perjura que haremos todo lo que sea necesario para contentar a los mercados, porque es lo que más nos conviene. Pero, justo al mismo tiempo, el de Asuntos Exteriores suplica al Banco Central Europeo (donde hemos perdido la influencia que teníamos, aunque tampoco podamos decir que la hayamos utilizado precisamente a nuestro favor) para que intervenga contra los mercados y ponga formes a los especuladores. Un alarde de discurso coherente y de sincera estrategia compartida.

El ministro de Hacienda, que ya ocupa la cartera por segunda vez, reconoce que ha de subir el IVA porque es un incompetente que no sabe hacer que todos paguen lo que tiene que pagar y Cospedal se consolida como la mayor y más desvergonzada demagoga del reino. Ahora carga contra la función pública sin caer en lo que ella tendría que ser la primera en recordar: que en España hay menos trabajadores públicos en relación con la población activa total que en la media de los Quince, que se gasta menos en retribuirlos, que nuestro sector público es bastante más reducido que el de los países más avanzados y competitivos de nuestro entorno, y que esos seres despreciables a los que se refiere y a los que ya está poniendo en la calle son los maestros o los médicos de los hijos de familias que no pueden pagarse servicios privados, por cierto, casi siempre de peor calidad que los públicos a pesar de que disponen de más recursos y de que no asumen todas sus cargas. Y olvidando, sobre todo, que la función pública con la que quieren acabar fue la mejor e imprescindible solución para evitar que las oligarquías de los partidos (de las que ella forma parte) se hicieran dueñas del Estado en perjuicio de la mayoría de la población.

Pobre España y pobre pueblo español, tan silencioso y obediente. Vibra de patriotismo cuando gana “La Roja” pero enmudece cuando le roba una potencia extranjera o cuando su gobierno le miente y le traiciona.

Winston Churchill escribió que solo hay una cosa peor que ganar una guerra, y es perderla. Cuando nos vemos en ella de forma inevitable, hay que poner todos los medios, realizar todos los esfuerzos y sacrificios, asumir todas las pérdidas para tratar de evitar la derrota. Porque, por alto que sea el precio de la victoria, siempre pagará un precio más alto el derrotado.

Nos hallamos hoy sumidos en una guerra; económica, pero no por eso menos guerra. Una guerra en la que hay que batirse con la misma energía, decisión y utilizando el lenguaje adecuado, que en un enfrentamiento militar. El lenguaje militar son las balas; el lenguaje económico es el dinero. Los militares atacan para ganar territorio, debilitar al enemigo y así conseguir la victoria; los mercados atacan para ganar dinero. Y cuanto más debiliten a su objetivo, más dinero ganarán. No es un ataque en el sentido estricto del vocablo; no contiene odio ni malos deseos. Solo es una ventana de oportunidad para ganar dinero, que es la misión de las instituciones que componen el mercado. Cuando las fuerzas están equilibradas, los mercados ganan menos. Cuando se produce un desequilibrio, lo aprovechan para ganar más. Y la única manera de defenderse de ello es crear las fuerzas que restablezcan el equilibrio.

Cuando Lehman Brothers cerró sus puertas, dejando detrás una enorme montaña de basura y creando con ello una crisis financiera que se extendió a la economía mundial, el gobierno de Estados Unidos reaccionó inmediatamente identificando con rapidez los bancos que eran clave para el mantenimiento del sistema, inyectándoles cantidades masivas de dinero público y obligándoles a aceptarlas, aunque en unas condiciones suficientemente onerosas como para inducirles a su devolución rápida. Al mismo tiempo, dejó caer a todos aquellos bancos cuya quiebra perjudicaría solo a sus accionistas y no al sistema financiero en general. Los americanos ahí actuaron con contundencia y decisión: primero salvemos el sistema; luego, buscaremos a los posibles culpables; y mientras, aquellas entidades que no afecten al sistema, son problema de sus accionistas, no del gobierno. Son las bajas que hay que aceptar para ganar la guerra.

Y la ganaron. La economía americana está en clara recuperación, aunque sea lenta; su burbuja inmobiliaria, tan grande como la nuestra, está ya estabilizada, los precios de la vivienda tocaron fondo hace algún tiempo y llevan ya tres meses marcando subidas tímidas pero claras y definidas; el paro ha descendido del 10% al 8,2%; la mayor parte de los fondos públicos cedidos a los bancos han sido ya devueltos al Tesoro, con intereses; los bancos ayudados se han reestructurado y recapitalizado por otras vías; la crisis se ha superado a un mínimo costo para el contribuyente; y en todo ese proceso el interés general ha primado sobre el particular, ha habido consenso total en ambos lados del Congreso y el Senado, y los sindicatos, aún siendo poderosos en afiliación y economía, no han organizado conflictos laborales. Ha sido un ejercicio de responsabilidad colectiva. Y los mercados, ante el mensaje inequívoco de la Reserva Federal y el Tesoro de que intervendrían con nuevos recursos cada vez que lo consideraran necesario, han entendido que allí no había terreno para incrementar sus beneficios. El equilibrio se ha mantenido y el Tesoro americano se está financiando a tipos muy bajos.

En otro orden de cosas, el año pasado el Banco Nacional de Suiza se vio obligado a intervenir cuando el cambio del Franco suizo, como consecuencia de un gran incremento en la demanda, llegó a niveles que perjudicaban seriamente la competitividad de la industria del país. Y lo hizo con determinación, anunciando en un comunicado claro y terminante que intervendría masivamente, vendiendo francos en cantidades y cuantas veces fueran necesarias para asegurar el mantenimiento de un tipo de cambio alrededor de 1,20 francos por euro. Y lo hizo. En dos horas cesó completamente la especulación hacia una subida del franco y éste bajó a 1,20. Quienes lo habían estado comprando a 1,40 con la expectativa de que siguiera subiendo, tuvieron que vender precipitadamente y perdiendo dinero. Desde entonces, el Banco Nacional de Suiza ha intervenido varias veces para equilibrar las fuerzas del mercado, y el tipo de cambio se ha mantenido en su techo previsto sin más tensiones especulativas. Los mercados captaron el mensaje porque se dio en el lenguaje que ellos entienden.

Podría citar otros casos en que la intervención decidida, clara y en el lenguaje adecuado ha impedido otras crisis bancarias en los últimos 30 años, pero no quiero extenderme demasiado. Por el contrario, la tibieza, timidez y torpeza del Gobierno Británico al principio de los años 80 dejó sin apoyo político al Banco de Inglaterra y el resultado fue una importante pérdida de sus reservas en divisas, forzó la salida del Reino Unido del Mecanismo de Cambios Europeo y permitió que George Soros, uno de los mayores especuladores financieros del mundo, obtuviera unos beneficios de 2.000 millones de dólares. Si el Banco de Inglaterra hubiera tenido el apoyo político necesario para hablar en el idioma que entiende George Soros y sus mariachis, jamás habría éste ganado la partida. Pero apostó a que no lo tendría y ganó. La culpa es de los políticos británicos de su época, no suya. El hizo bien su trabajo y ellos no.

La solución no es vilipendiar a los especuladores y encarcelarlos, como la solución a los problemas laborales no es encarcelar a los sindicalistas. Los mercados, tanto el laboral, como el económico o el financiero, se mueven por fuerzas que actúan en defensa de los intereses que representan. Y el sistema funciona ordenadamente cuando estos mercados mantienen un equilibrio. La misión de los gobiernos es asegurarse de que ese equilibrio se mantiene dentro de un orden y niveles no dañinos al sistema, o sea al interés general. Los especuladores son no solo positivos sino necesarios porque proporcionan una considerable liquidez a los mercados, que de otro modo no tendrían. Contribuyen al equilibrio, y no al contrario como piensa la mayoría de la gente. Pero es necesario hablarles en el idioma que entienden.

¿Qué está ocurriendo con la crisis de deuda soberana española e italiana? Pues que, por haber hecho mal los deberes desde el principio, y por no querer cantar el mea culpa y pagar el precio político y económico que ello conlleva, los mercados están recibiendo muchos mensajes, pero todos en un idioma que no entienden. Es como si a una fuerza militar, bien entrenada y equipada, la atacáramos con una fuerza policial que dispara balas de goma. Por muy convincentes que intentaran sonar y parecer los policías, los militares se partirían de la risa y seguirían avanzando inexorablemente. Que es lo que hacen las instituciones que nos prestan dinero, cada vez más caro.

¿Significa eso que los prestamistas tienen dudas de nuestra capacidad para devolver los préstamos, como nos quieren hacer creer? Para nada. Si fuera así, no nos lo prestarían. Y cada vez que salimos al mercado con una emisión de deuda, ésta está suscrita entre dos y tres veces. La demanda está ahí. Pero nos ven tan debilitados, que piden más y más dinero a cambio. Es su trabajo.

¿Cómo se combate eso? Hablando a los mercados en el idioma que entienden. Una medida efectiva sería declarar desierta una de las emisiones de deuda, negándonos a pagar el precio que nos piden. Los mercados entienden ese idioma. Pero claro, eso es muy difícil de hacer cuando estás tan entrampado que te mueves en el filo de la navaja para poder pagar tus deudas y obligaciones. La otra es que el Banco Central Europeo intervenga con un mensaje similar al que dio en su día el Banco Nacional de Suiza, que es lo que piden todos los dirigentes políticos de los países del sur de Europa. Pero para eso, esos políticos tienen que dar mensajes claros y tomar medidas contundentes porque el que estén entrampados hasta las cejas no es culpa del BCE ni de los demás países europeos que han estado haciendo sus deberes y gestionando sus fondos públicos con responsabilidad y rigor. Y eso es precisamente lo que no hacen. En vez de decidir medidas drásticas y urgentes, anunciarlas y tomarlas, se dedican solo a avanzar pasito a pasito, reaccionando en vez de actuando, con lo que ni el BCE ni el resto de los países se lo creen. Y los partidos, que de haber gobernado ellos tendrían que hacer lo mismo, porque no hay otro camino, se dedican a criticar y quemar al gobierno intentando así sacar beneficio político y dando evidentes muestras de su degeneración moral. De los sindicatos franquistas que aún tenemos, prefiero no hablar. Todo ello algo diametralmente opuesto a lo que pudimos ver en Estados Unidos.

Así que estamos en una encrucijada en la que nos hemos metido por nuestra estupidez y mala cabeza, y de la que no sabemos salir por exactamente las mismas razones. Llevamos casi cuarenta años siendo conscientes de la inoperabilidad y expolio de nuestros partidos, pero sin hacer nada para resolverla. Como mucho, nos abstenemos de votar, que tiene precisamente el efecto contrario: votan mayoritariamente los fanáticos y los estómagos agradecidos, con lo cual todo sigue igual. Nuestro gobierno debería tomar de una vez y por todas, haciendo uso de su confortable mayoría absoluta en vez de andar de puntillas y con miedo, todas las medidas necesarias, por dolorosas que sean, para que la UE entienda que se están realmente haciendo reformas y no aplicando paños calientes. Debería iniciar actuaciones judiciales contra los responsables en vez de, poniendo una vez más los intereses particulares por encima de los generales, instruir al Fiscal General para que se oponga a ellas o indultando o conmutando penas, en un obsceno ejercicio de favoritismo e inmoralidad, a los pocos que son condenados. Ese idioma lo entendería la Unión Europea y el BCE.

Y tanto la UE como el BCE podrían entonces lanzar un mensaje similar al del Gobierno americano o el Banco Nacional de Suiza en el idioma que entienden los mercados, lo que frenaría inmediatamente la especulación y restablecería el equilibrio.

El Gobierno, con su mayoría absoluta, no puede seguir demostrando que teme más los debates parlamentarios y críticas internas que la posibilidad de perder la guerra. Y tampoco puede seguir tirándose el farol de que el resto de Europa acabará cediendo para evitar la desaparición del euro. Porque hay un límite, tanto económico como político, en el precio que esos países están dispuestos a pagar para mantener el euro; y la caída de la moneda única tendría efectos muy duros para las economías fuertes, pero volver a la peseta sería un holocausto económico para una economía con la extrema debilidad que tiene ahora mismo la española, que nos devolvería a la pobreza, impotencia y desesperación de los años 50.

La interesada sinrazón de la izquierda española no para de acusar al Gobierno de haber iniciado la destrucción del estado de bienestar. Con ello la izquierda solo confirma su divorcio de la realidad. Porque, si una reducción del estado de bienestar fuera necesaria como parte de las bajas que hay que aceptar para ganar la guerra, solo podemos decir así sea para poder recuperar ese estado de bienestar para nuestros hijos y nietos. El precio de ganar la guerra puede ser alto, pero mucho más alto será perderla. Y para ganarla, hay que hablar a cada uno en el idioma que entiende.

Feliz Verano

Publicado: 11/07/2012 de Rafael Pizarro en Ética y moral, General
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Almudena Grandes (Columna en el diario “El Páis” 09-07-2012)

FELIZ VERANO
Es el tiempo de la felicidad. Apúrenlo y no piensen en el invierno que nos espera

Hay muchas cosas buenas que salen gratis. Pasear por la mañana temprano, cuando el sol es tierno, tímido como la brisa que coquetea con las hojas de los árboles. Caminar de madrugada por calles tan llenas de gente como en los mediodías del invierno, para asombrarse de la euforia silenciosa de las parejas que se besan en los bancos, o apoyadas en los pilares de las plazas porticadas. Los que viven cerca del mar lo tienen fácil, pero también es una fiesta meter en una tartera la comida prevista para consumir en casa, despacharla sobre una manta, en la hierba de algún parque, y tumbarse después a la sombra. Asistir a los conciertos de las bandas que suelen tocar en quioscos de parques y plazas mayores los domingos por la mañana. Y frecuentar las bibliotecas públicas, mientras duren.

Hay muchas cosas buenas que salen muy baratas. Una botella de vino para beberla despacio, en casa, al atardecer y entre amigos. Un buen libro de bolsillo, que proporciona una emoción que dura más que el vino y cuesta casi lo mismo. Un cine de verano, el lugar ideal para hacer manitas. Una ración de ensaladilla rusa y dos cañas, en la terraza de un bar cualquiera, antes o después del cine de verano. Enamorarse es un milagro todavía más barato, tan caro que, sin embargo, no se puede fabricar.

El verano es el tiempo de la felicidad. Apúrenlo y no piensen en el invierno que nos espera. Porque nuestros abuelos lo tuvieron muchísimo peor que nosotros y si no hubieran vivido, si no hubieran sabido disfrutar de la vida, si no se hubieran enamorado en tiempos atroces, nosotros no estaríamos aquí. Si existe una cosa que sabemos hacer bien los españoles es ser pobres. Lo hemos sido casi siempre, pero eso no nos ha hecho más desgraciados, ni más tristes que los demás. Recuérdenlo y sean felices, porque la felicidad también es una forma de resistir.

La Marcha Negra llega a Madrid

Publicado: 08/07/2012 de Rafael Pizarro en Economía, Política Nacional
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La conocida como Marcha Norte de los mineros tras atravesar el túnel de Guadarrama

La Marcha Negra de los mineros llegó a la Comunidad de Madrid este domingo y, dos días después, el martes 10 de julio, unirá sus dos columnas con el objetivo de celebrar una manifestación el miércoles 11.00 de julio a las 11 horas entre la Plaza de Colón y el Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

En la noche del martes, está previsto que se unan en Madrid las dos columnas de la Marcha Negra, esto es, la ‘Norte’, compuesta por mineros de Asturias y León, y la de Aragón. En el caso de la primera columna, los mineros habrán recorrido más de 400 kilómetros antes de llegar a Madrid.

VIDEO DE LOS MINEROS ENTRANDO EN COLLADO VILLALBA (08-07-2012)

En el caso de la columna ‘Norte’, este domingo los mineros atravesaron el Túnel del Guadarrama, tras lo que descendieron hasta Collado Villalba, donde llegaron sobre las 13.00 horas, con una memorable y emotiva recepción en las inmediaciones del Planetocio de Villalba. Hubo una festiva comida y durmieron en el polideportivo “Kike Blas” (C/Ferial s/n).

El lunes saldrán hacia Aravaca y serán recibidos en Las Rozas a  las 11.00 horas, mientras que el martes se dirigirán a Moncloa, donde llegarán a las 22.00 horas para unirse a la marcha de Aragón para realizar una marcha nocturna.

De su lado, la marcha de Aragón llegará a la Comunidad de Madrid este domingo a través del Corredor del Henares, procedente de la localidad alcarreña de Azuqueca de Henares. En torno a las 9.00 ó  9.30 horas entrará en el municipio de Meco. Posteriormente, los mineros se dirigirán a Alcalá de Henares, donde cerca de las 13.00 horas tienen previsto dirigir unas palabras  desde la Plaza de Cervantes. El lunes se dirigirán a Alcobendas, a cuya Plaza Mayor llegarán a las 13.00 horas. A las 7.00 horas del martes saldrán en dirección a la Ciudad Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid para  reunirse a las 22.00 horas con sus compañeros del Norte.

Juan Morano (hasta ahora senador del PP)

El Partido Popular acaba de dar una lección práctica de la total falta que tienen todos los partidos políticos españoles de la más elemental idea de lo que significa democracia. Realmente sería divertido si no fuera tan desvergonzado como bochornoso.

Resulta que uno de sus Senadores por León, Juan Morano, votó en contra de los postulados de su propio partido en el tema de la ayudas a la minería y no solo ha sido suspendido de militancia sino que se le ha abierto un expediente y al parecer se pretende multarle. Y yo pregunto: ¿quién se ha creído el Partido Popular que es para pretender sancionar, y de paso coaccionar al resto de sus cargos electos, por haber ejercido su derecho constitucional e inalienable a votar como le dicte su conciencia y como crea que sirve mejor los intereses de sus electores? ¿Es que aún no se han enterado de cómo funciona el sistema, después de casi 40 años? ¿Son así de brutos e ignorantes o es solo pura arrogancia? ¿Aprenderán alguna vez? ¿Aprenderemos los demàs?

Todos los que me conocen saben que tengo unas ideas muy claras y perfectamente definidas sobre las ayudas a la minería española, que no me corto en absoluto en expresar y que no coinciden para nada con el sentir popular y mucho menos con la imagen que pretenden transmitir y vender los mineros. Pero si el Sr. Morano tiene otras ideas, si cree que las tienen sus votantes, ha hecho exactamente lo que tenía que hacer votando según sus ideas y las del pueblo al que representa. Con ello ha demostrado personalidad, gallardía y ser el único cargo electo, que yo sepa, que no ha caído en la corrupción de la disciplina de voto.

Porque eso, señoras y señores, es lo que es la disciplina de voto: una forma de corrupción, una más de las muchas que hay. Porque el cargo electo se debe a sus electores, no al partido. Como no me canso de repetir, el partido es el medio, no el fin.

Pero aquí, merced a ese travesti democrático que llamamos Ley Electoral, los partidos quebrantan sistemáticamente no ya la Constitución sino el concepto básico de democracia exigiendo a sus cargos electos que voten según indica la línea del partido, incluso si ello conlleva votar en contra de los intereses de los ciudadanos de su demarcación. Ya lo dijo una vez el Sr. Rajoy ante las cámaras y con total descaro: “tened presente que soy yo quien hace las listas”. Es decir, tenemos una Ley que fomenta el quebrantamiento de la Constitución, que es la Ley de Leyes. Así de incongruente.

Y, al parecer, no tenemos juristas que se hayan dado cuenta de ello y lo hayan planteado como un fraude de ley a nivel constitucional. O los tenemos, pero han elegido guardar silencio, que es más cómodo y en algunos casos remunerativo.

¡Bien hecho, Sr. Morano! No coincido para nada con sus ideas sobre la minería pero tiene usted mi admiración y respeto –y me gustaría que los tuviera del resto de los españoles, pero eso es misión imposible en esta sociedad- por haber dado una lección de democracia a esos indocumentados que se hallan al frente de los partidos políticos de este país e intentan imponernos sus criterios dando por asumida la corrupción de sus cargos electos votando en contra de sus electores solo para seguir en las listas en la próxima legislatura.