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Chercher l’argent

Publicado: 11/11/2012 de Fernando Lario en Ética y moral, Economía, Política Nacional
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Hace pocas semanas Xavier Sala i Martín, un catalán profesor de Economía de la Universidad de Columbia, en Nueva York, lanzó a los cuatro vientos la proclama de que una Cataluña independiente sería económicamente tan próspera como Mónaco y los mercados harían cola para financiar su gasto público a precios incluso inferiores a los que disfruta Alemania. Todos lo medios de comunicación catalanes, y buena parte de los del resto del país, se hicieron eco del comentario. Los primeros, para alentar y apoyar los criterios soberanistas de un sector de su población que ha sido lenta y dedicadamente adoctrinada en una mezcla de victimismo y odio, con el no ya beneplácito sino la complicidad de los partidos nacionales a ambos lados del espectro político, alguno de cuyos líderes, de triste recuerdo, llegó a decir, a cambio de apoyos políticos, que el concepto “nación” era discutido y discutible. Los segundos, como expresión de la perplejidad que producía oír a un profesional de la economía confundir la posición y realidad histórica, así como sus modelos productivos, de Cataluña y Mónaco.

Yo siempre he mantenido que el ser humano actúa racionalmente y, cuando algo no parece tener mucho sentido, hay que ir a buscar las razones personales que impulsan actuaciones aparentemente carentes de racionalidad. Los franceses acuñaron, en el siglo XIX, la frase “chercher la femme” (busca a la mujer) apuntando a una contrapartida de favores sexuales como probable explicación de comportamientos aparentemente carentes de lógica. En los tiempos que vivimos, la liberación, en todos los órdenes, de la mujer no ha convertido esa frase en obsoleta pero sí la ha sacado del primer plano para trasladarla a uno inferior. Aunque pueda no resultar, según de qué ángulo se mire, lisonjero para las señoras, la frase hoy debería ser “chercher l’argent” (busca el dinero) para la explicación de actitudes de otro modo inexplicables.

Lo que nos devuelve de nuevo al Sr. Sala i Martín. Cuando un profesional especializado en macroeconomía, doctorado en Harvard y catedrático de Columbia -una de las universidades más prestigiosas del mundo- dice semejante estupidez, uno no tiene más remedio que buscar explicaciones en modelos menos ortodoxos que el simple pensamiento racional. Y, dada la distancia entre Nueva York y Cataluña, es poco probable que haya sido una “femme” quien impulse a ese señor a realizar tan peculiar afirmación. Por otro lado, la posición de profesor de una universidad como Columbia no solo da un considerable prestigio sino que está además razonablemente bien pagada. ¿Tendremos que descartar también “l’argent” como fuente de inspiración y considerar que se trata de un caso de fanatismo nacionalista? Tal vez, pero no cabe duda de que ese señor es un intelectual, lo que, en principio, es incompatible con el fanatismo. ¿Entonces …?

Por fin la prensa nos acaba de ofrecer la solución al aparentemente insoluble dilema: resulta que las más altas instancias de Convergència i Unió (CIU) cuentan con el Sr. Sala i Martín para el cargo de Conseller de Economía de Cataluña. Por fin podemos poner el punto sobre la “i” y encontrar racionalidad a lo aparentemente irracional. Se trata, como es tan común en estos tiempos, de “l’argent” después de todo. L’argent que a muchos compensa, en nuestra sociedad, del rubor de decir tonterías.

¿L’argent? ¿Es que gana más un conseller catalán que un profesor de Columbia? En sueldo limpio, posiblemente no. Pero solo tenemos que contemplar la situación patrimonial de gran parte de los políticos que han ocupado altos cargos en este país, y, en algunos casos, la de su entorno familiar más próximo, para comprender que el sueldo es lo que menos importa. Así que ya podemos entender la motivación del Sr. Sala i Martín, la razón detrás de su carencia de rubor a la hora de comparar las economías de Cataluña y Mónaco. Y, conviene recordar, donde no hay rubor es difícil que haya ética.

En política, Sr. Sala i Martín, no basta con serlo; hay que parecerlo. Y en este momento, señor mío, es muy posible que usted lo sea, pero desde luego dista mucho de parecerlo.

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¿Simbólicos carros de la compra?

Publicado: 09/08/2012 de Rafael Pizarro en Economía, Política Nacional
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“Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan” (Emma Goldman 1869-1940)
Alberto Garzón Espinosa Diputado, diputado IU (“El País” 09-08-2012)

El martes un grupo de trabajadores del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) entró de forma organizada en dos grandes superficies y se llevó sin pagar un importante número de productos de primera necesidad, con objeto de repartirlos entre los más necesitados. Como consecuencia, el ministerio del Interior ha ordenado ya la detención de los responsables. Varios días después podemos confirmar, a mi juicio, que la acción del SAT ha sido un completo éxito.

Comencemos por el contexto social. Según UNICEF en España un 17,1% de los niños están bajo el umbral de la pobreza, mientras que Acción contra el Hambre denuncia que un 25% están desnutridos. Al mismo tiempo dos millones de españoles se beneficiarán de las ayudas que la Comisión Europea ha enviado este año -con un total de 67 millones de kilos de comida– para combatir el hambre en nuestro país. A nadie se le escapa que las organizaciones solidarias han visto dispararse sus necesidades para poder atender con eficacia a una población crecientemente empobrecida.

A pesar de lo apuntado arriba es obvio también que en nuestro país no falta comida, ni tierras fértiles ni medios técnicos con los que paliar el hambre. Lo que sí falta es voluntad política que se atreva a enfrentar las desigualdades de riqueza y renta. Y lo que sobre todo falta es que se cumpla la Constitución española y su artículo 128.1, el cual declara que “toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”. Y la acción del SAT ha logrado precisamente poner esto de relieve, marcarlo en la agenda, y lo ha hecho siguiendo la máxima libertaria de Emma Goldman, que instigaba a los trabajadores con la siguiente proclama: “Pedid trabajo, si no os lo dan, pedid pan, y si no os dan ni pan ni trabajo, coged el pan”.

Pero la acción del SAT ha ido más allá de lo concreto, es decir, del reparto de comida, y ha penetrado con fuerza en el mundo ideológico. Decía Guy Debord que vivimos en la sociedad del espectáculo y nos recordaba, citando a Feuerbach, que en nuestro tiempo “se prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser”. No hay duda sobre ello: en la sociedad del espectáculo la imagen importa más que la sustancia y los símbolos se convierten en el arma más valiosa para las causas políticas y las causas empresariales. Y la acción del SAT no es una medida contra la crisis -porque su generalización no resuelve los problemas de raíz- sino una acción simbólica con un claro contenido político. Es sustancialmente distinto.

Efectivamente nadie, y los compañeros del SAT menos, tenían como intención que aquella acción del martes se convirtiera en un elemento clave del programa electoral. Lo del SAT ha sido una brillante táctica comunicativa para poner sobre la agenda política un grave problema social. Hablamos de un pensado golpe contra la ideología dominante, es decir, contra la concepción del mundo que tiene la gente acerca de cómo debe organizarse una sociedad. Esta acción ha servido para remover los cimientos ideológicos de la mayoría de la gente. Por supuesto que no ha convencido a muchos, quizá la mayoría, pero ha golpeado por primera vez y con contundencia su sistema de ideas y el cual estaba hasta ahora muy asentado y consolidado. Ha mermado sus defensas.

No olvidemos que vivimos una crisis ideológica que se manifiesta en el cambio de cómo la gente concibe e interpreta su realidad más cercana. La concepción del mundo que había sido dominante hasta ahora se resquebraja y todo está en duda. Se cuestiona que los políticos y economistas sepan qué hacer, que las instituciones políticas sean útiles para resolver los problemas, que las entidades financieras sean fundamentales, que haya democracia, que las empresas privadas sean superiores a las públicas, que la policía defienda al pueblo, y también -y es lo que aquí nos ocupa- que la propiedad privada sea sagrada y esté por encima de otros derechos como el de la vivienda o la alimentación.

Algunos denunciarán que la acción del SAT es ilegal. Efectivamente, lo es. Pero la cuestión no reside en saber en qué lado de la frontera jurídica cae, sino en si es una acción legítima y digna o si por el contrario no lo es. Y cuando sabemos que las necesidades humanas básicas pueden satisfacerse técnicamente pero el único obstáculo para conseguirlo es el propio marco institucional, diseñado en beneficio y garantía de la gran empresa y las grandes fortunas, es cuando acciones como las del SAT recobran toda su naturaleza revolucionaria y de justicia social. En ese punto la ilegalidad es legítima y contribuye a preparar el terreno para un cambio institucional que primero y ante todo ha de construirse en el plano ideológico.

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Alfonso Alonso (Portavoz parlamentario del PP)

Ha afirmado “no entender” la “tolerancia” con el asalto a los supermercados. En una rueda de prensa, Alonso ha asegurado que en el asalto a los supermercados “fue una acción delictiva” y no entiende que “porque haya un cargo público se tolere”. “Cuando una persona ostenta un cargo público está obligado a dar ejemplo a los ciudadanos y en este caso ha sido lo contrario”.

¿Se habrá dado cuenta el señor Alonso de la gran “ejemplaridad” de los cientos de cargos públicos de su partido que en este páis pululan por ayuntamientos, autonomías y diputaciones estando imputados por corrupción, por enriquecerse ilícitamente o ya incursos en causas penales o incluso algunos indultados por su propio gobierno, el suyo?

Se ríen de España y de los Españoles

Publicado: 30/07/2012 de Rafael Pizarro en Economía, General
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Juan Torres López (Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla)

10-07-2012

Leer las páginas económicas, o incluso solo las portadas, de los medios se está convirtiendo en un ejercicio de puro masoquismo: no hay manera de disimular el ridículo que está haciendo España.

Hace un mes que se aprobó el rescate de la banca española que según Rajoy resolvía el problema de nuestra economía y que mereció una surrealista felicitación del rey Juan Carlos. En este tiempo ha habido cumbres y varias reuniones de los ministros de Economía pero hasta el momento no se han fijado ni las condiciones concretas, ni qué cantidad exacta se precisa, ni cuándo comenzará a ser efectivo. Se hacen declaraciones contradictorias diciendo un día blanco y otro negro pero siempre se insiste en lo mismo: hay que seguir rebajando gastos y derechos y reduciendo los ingresos de los trabajadores. Lo que era la solución resulta que lo ha empeorado todo y nadie, sin embargo da cuentas de ello.

Se han reído de nosotros. El objetivo es salvar a la banca alemana, que es lo que de verdad les interesa, pero quieren hacerlo con las máximas garantías y eso obliga a que el rescate sea uno definitivo, directamente sobre la economía española y con la garantía directa del Estado. El de los 100.000 millones para los bancos no era sino una salva porque resulta infumable: nadie puede entender que si es a los bancos a quien hay que rescatar se haga responsable de ello a los ciudadanos en su conjunto. Por eso, para provocar el grande, están dejando que nos precipitemos al abismo, no porque la cuantía de nuestra deuda pública sea excesiva, como dicen, sino porque nos atan de pies y manos y nos empujan ante los inversores. Simplemente haciendo lo que está haciendo el Banco Central Europeo, nada de lo que haría un banco central auténtico, bastará para que seamos intervenidos en poco tiempo y para que nuestra economía sea puesta bajo control directo y permanente de los acreedores alemanes. Queda muy poco tiempo para que las comunidades autónomas se declaren sin liquidez y para que el propio Estado, con tipos en los mercados superiores al 7% u 8% se reconozca incapaz de hacer frente a sus compromisos de pago. Esa es la secuencia inevitable que producen las medidas que se están tomando.

Si lo que quisieran de verdad fuese salvar a nuestra economía y al euro no harían lo que están haciendo ni nos seguirían obligando a tomar medidas que van a hundir más la demanda, la generación de ingresos, o incluso la posibilidad de que paguemos la deuda que dicen querer que paguemos. Si desearan realmente frenar la presión de los mercados bastaría que el Banco Central Europeo fuese lo que no es, y que se adoptara una estrategia de creación de actividad y empleo para toda Europa en el marco de un pacto global de rentas, pero es que no buscan eso. Quieren que la prima de riesgo siga subiendo para extorsionar más fácilmente y acelerar lo que revestirán como una situación de emergencia que no admita retóricas. Se ríen de nosotros porque lo que van buscando es someter a nuestra economía y no a salvarla en un marco de cooperación y unión europeas.

La última tomadura de pelo de quienes se pasan todo el día diciendo que hay que respetar a los mercados y dejarlos que actúen con plena libertad ha sido salvar una vez más la cara de los bancos permitiendo valorar sus activos a precios “razonables” en el marco de una agencia inmobiliaria sui generis, como ya adelantamos que harían en nuestro libro Lo que España necesita. Es decir, que una vez más se pasan por el forro lo que establecen libremente los mercados que tanto dicen respetar: Si el precio razonable no es el que fijan los mercados ¿para qué puñetas sirven? Se ríen de nosotros porque una vez más nos están robando delante de nuestros mismos ojos.

En España es nuestro propio gobierno quien se ríe de nosotros engañándonos sin piedad.

El ministro de Economía alaba sin descanso a las autoridades europeas, agradece sus propuestas razonables y jura y perjura que haremos todo lo que sea necesario para contentar a los mercados, porque es lo que más nos conviene. Pero, justo al mismo tiempo, el de Asuntos Exteriores suplica al Banco Central Europeo (donde hemos perdido la influencia que teníamos, aunque tampoco podamos decir que la hayamos utilizado precisamente a nuestro favor) para que intervenga contra los mercados y ponga formes a los especuladores. Un alarde de discurso coherente y de sincera estrategia compartida.

El ministro de Hacienda, que ya ocupa la cartera por segunda vez, reconoce que ha de subir el IVA porque es un incompetente que no sabe hacer que todos paguen lo que tiene que pagar y Cospedal se consolida como la mayor y más desvergonzada demagoga del reino. Ahora carga contra la función pública sin caer en lo que ella tendría que ser la primera en recordar: que en España hay menos trabajadores públicos en relación con la población activa total que en la media de los Quince, que se gasta menos en retribuirlos, que nuestro sector público es bastante más reducido que el de los países más avanzados y competitivos de nuestro entorno, y que esos seres despreciables a los que se refiere y a los que ya está poniendo en la calle son los maestros o los médicos de los hijos de familias que no pueden pagarse servicios privados, por cierto, casi siempre de peor calidad que los públicos a pesar de que disponen de más recursos y de que no asumen todas sus cargas. Y olvidando, sobre todo, que la función pública con la que quieren acabar fue la mejor e imprescindible solución para evitar que las oligarquías de los partidos (de las que ella forma parte) se hicieran dueñas del Estado en perjuicio de la mayoría de la población.

Pobre España y pobre pueblo español, tan silencioso y obediente. Vibra de patriotismo cuando gana “La Roja” pero enmudece cuando le roba una potencia extranjera o cuando su gobierno le miente y le traiciona.

Winston Churchill escribió que solo hay una cosa peor que ganar una guerra, y es perderla. Cuando nos vemos en ella de forma inevitable, hay que poner todos los medios, realizar todos los esfuerzos y sacrificios, asumir todas las pérdidas para tratar de evitar la derrota. Porque, por alto que sea el precio de la victoria, siempre pagará un precio más alto el derrotado.

Nos hallamos hoy sumidos en una guerra; económica, pero no por eso menos guerra. Una guerra en la que hay que batirse con la misma energía, decisión y utilizando el lenguaje adecuado, que en un enfrentamiento militar. El lenguaje militar son las balas; el lenguaje económico es el dinero. Los militares atacan para ganar territorio, debilitar al enemigo y así conseguir la victoria; los mercados atacan para ganar dinero. Y cuanto más debiliten a su objetivo, más dinero ganarán. No es un ataque en el sentido estricto del vocablo; no contiene odio ni malos deseos. Solo es una ventana de oportunidad para ganar dinero, que es la misión de las instituciones que componen el mercado. Cuando las fuerzas están equilibradas, los mercados ganan menos. Cuando se produce un desequilibrio, lo aprovechan para ganar más. Y la única manera de defenderse de ello es crear las fuerzas que restablezcan el equilibrio.

Cuando Lehman Brothers cerró sus puertas, dejando detrás una enorme montaña de basura y creando con ello una crisis financiera que se extendió a la economía mundial, el gobierno de Estados Unidos reaccionó inmediatamente identificando con rapidez los bancos que eran clave para el mantenimiento del sistema, inyectándoles cantidades masivas de dinero público y obligándoles a aceptarlas, aunque en unas condiciones suficientemente onerosas como para inducirles a su devolución rápida. Al mismo tiempo, dejó caer a todos aquellos bancos cuya quiebra perjudicaría solo a sus accionistas y no al sistema financiero en general. Los americanos ahí actuaron con contundencia y decisión: primero salvemos el sistema; luego, buscaremos a los posibles culpables; y mientras, aquellas entidades que no afecten al sistema, son problema de sus accionistas, no del gobierno. Son las bajas que hay que aceptar para ganar la guerra.

Y la ganaron. La economía americana está en clara recuperación, aunque sea lenta; su burbuja inmobiliaria, tan grande como la nuestra, está ya estabilizada, los precios de la vivienda tocaron fondo hace algún tiempo y llevan ya tres meses marcando subidas tímidas pero claras y definidas; el paro ha descendido del 10% al 8,2%; la mayor parte de los fondos públicos cedidos a los bancos han sido ya devueltos al Tesoro, con intereses; los bancos ayudados se han reestructurado y recapitalizado por otras vías; la crisis se ha superado a un mínimo costo para el contribuyente; y en todo ese proceso el interés general ha primado sobre el particular, ha habido consenso total en ambos lados del Congreso y el Senado, y los sindicatos, aún siendo poderosos en afiliación y economía, no han organizado conflictos laborales. Ha sido un ejercicio de responsabilidad colectiva. Y los mercados, ante el mensaje inequívoco de la Reserva Federal y el Tesoro de que intervendrían con nuevos recursos cada vez que lo consideraran necesario, han entendido que allí no había terreno para incrementar sus beneficios. El equilibrio se ha mantenido y el Tesoro americano se está financiando a tipos muy bajos.

En otro orden de cosas, el año pasado el Banco Nacional de Suiza se vio obligado a intervenir cuando el cambio del Franco suizo, como consecuencia de un gran incremento en la demanda, llegó a niveles que perjudicaban seriamente la competitividad de la industria del país. Y lo hizo con determinación, anunciando en un comunicado claro y terminante que intervendría masivamente, vendiendo francos en cantidades y cuantas veces fueran necesarias para asegurar el mantenimiento de un tipo de cambio alrededor de 1,20 francos por euro. Y lo hizo. En dos horas cesó completamente la especulación hacia una subida del franco y éste bajó a 1,20. Quienes lo habían estado comprando a 1,40 con la expectativa de que siguiera subiendo, tuvieron que vender precipitadamente y perdiendo dinero. Desde entonces, el Banco Nacional de Suiza ha intervenido varias veces para equilibrar las fuerzas del mercado, y el tipo de cambio se ha mantenido en su techo previsto sin más tensiones especulativas. Los mercados captaron el mensaje porque se dio en el lenguaje que ellos entienden.

Podría citar otros casos en que la intervención decidida, clara y en el lenguaje adecuado ha impedido otras crisis bancarias en los últimos 30 años, pero no quiero extenderme demasiado. Por el contrario, la tibieza, timidez y torpeza del Gobierno Británico al principio de los años 80 dejó sin apoyo político al Banco de Inglaterra y el resultado fue una importante pérdida de sus reservas en divisas, forzó la salida del Reino Unido del Mecanismo de Cambios Europeo y permitió que George Soros, uno de los mayores especuladores financieros del mundo, obtuviera unos beneficios de 2.000 millones de dólares. Si el Banco de Inglaterra hubiera tenido el apoyo político necesario para hablar en el idioma que entiende George Soros y sus mariachis, jamás habría éste ganado la partida. Pero apostó a que no lo tendría y ganó. La culpa es de los políticos británicos de su época, no suya. El hizo bien su trabajo y ellos no.

La solución no es vilipendiar a los especuladores y encarcelarlos, como la solución a los problemas laborales no es encarcelar a los sindicalistas. Los mercados, tanto el laboral, como el económico o el financiero, se mueven por fuerzas que actúan en defensa de los intereses que representan. Y el sistema funciona ordenadamente cuando estos mercados mantienen un equilibrio. La misión de los gobiernos es asegurarse de que ese equilibrio se mantiene dentro de un orden y niveles no dañinos al sistema, o sea al interés general. Los especuladores son no solo positivos sino necesarios porque proporcionan una considerable liquidez a los mercados, que de otro modo no tendrían. Contribuyen al equilibrio, y no al contrario como piensa la mayoría de la gente. Pero es necesario hablarles en el idioma que entienden.

¿Qué está ocurriendo con la crisis de deuda soberana española e italiana? Pues que, por haber hecho mal los deberes desde el principio, y por no querer cantar el mea culpa y pagar el precio político y económico que ello conlleva, los mercados están recibiendo muchos mensajes, pero todos en un idioma que no entienden. Es como si a una fuerza militar, bien entrenada y equipada, la atacáramos con una fuerza policial que dispara balas de goma. Por muy convincentes que intentaran sonar y parecer los policías, los militares se partirían de la risa y seguirían avanzando inexorablemente. Que es lo que hacen las instituciones que nos prestan dinero, cada vez más caro.

¿Significa eso que los prestamistas tienen dudas de nuestra capacidad para devolver los préstamos, como nos quieren hacer creer? Para nada. Si fuera así, no nos lo prestarían. Y cada vez que salimos al mercado con una emisión de deuda, ésta está suscrita entre dos y tres veces. La demanda está ahí. Pero nos ven tan debilitados, que piden más y más dinero a cambio. Es su trabajo.

¿Cómo se combate eso? Hablando a los mercados en el idioma que entienden. Una medida efectiva sería declarar desierta una de las emisiones de deuda, negándonos a pagar el precio que nos piden. Los mercados entienden ese idioma. Pero claro, eso es muy difícil de hacer cuando estás tan entrampado que te mueves en el filo de la navaja para poder pagar tus deudas y obligaciones. La otra es que el Banco Central Europeo intervenga con un mensaje similar al que dio en su día el Banco Nacional de Suiza, que es lo que piden todos los dirigentes políticos de los países del sur de Europa. Pero para eso, esos políticos tienen que dar mensajes claros y tomar medidas contundentes porque el que estén entrampados hasta las cejas no es culpa del BCE ni de los demás países europeos que han estado haciendo sus deberes y gestionando sus fondos públicos con responsabilidad y rigor. Y eso es precisamente lo que no hacen. En vez de decidir medidas drásticas y urgentes, anunciarlas y tomarlas, se dedican solo a avanzar pasito a pasito, reaccionando en vez de actuando, con lo que ni el BCE ni el resto de los países se lo creen. Y los partidos, que de haber gobernado ellos tendrían que hacer lo mismo, porque no hay otro camino, se dedican a criticar y quemar al gobierno intentando así sacar beneficio político y dando evidentes muestras de su degeneración moral. De los sindicatos franquistas que aún tenemos, prefiero no hablar. Todo ello algo diametralmente opuesto a lo que pudimos ver en Estados Unidos.

Así que estamos en una encrucijada en la que nos hemos metido por nuestra estupidez y mala cabeza, y de la que no sabemos salir por exactamente las mismas razones. Llevamos casi cuarenta años siendo conscientes de la inoperabilidad y expolio de nuestros partidos, pero sin hacer nada para resolverla. Como mucho, nos abstenemos de votar, que tiene precisamente el efecto contrario: votan mayoritariamente los fanáticos y los estómagos agradecidos, con lo cual todo sigue igual. Nuestro gobierno debería tomar de una vez y por todas, haciendo uso de su confortable mayoría absoluta en vez de andar de puntillas y con miedo, todas las medidas necesarias, por dolorosas que sean, para que la UE entienda que se están realmente haciendo reformas y no aplicando paños calientes. Debería iniciar actuaciones judiciales contra los responsables en vez de, poniendo una vez más los intereses particulares por encima de los generales, instruir al Fiscal General para que se oponga a ellas o indultando o conmutando penas, en un obsceno ejercicio de favoritismo e inmoralidad, a los pocos que son condenados. Ese idioma lo entendería la Unión Europea y el BCE.

Y tanto la UE como el BCE podrían entonces lanzar un mensaje similar al del Gobierno americano o el Banco Nacional de Suiza en el idioma que entienden los mercados, lo que frenaría inmediatamente la especulación y restablecería el equilibrio.

El Gobierno, con su mayoría absoluta, no puede seguir demostrando que teme más los debates parlamentarios y críticas internas que la posibilidad de perder la guerra. Y tampoco puede seguir tirándose el farol de que el resto de Europa acabará cediendo para evitar la desaparición del euro. Porque hay un límite, tanto económico como político, en el precio que esos países están dispuestos a pagar para mantener el euro; y la caída de la moneda única tendría efectos muy duros para las economías fuertes, pero volver a la peseta sería un holocausto económico para una economía con la extrema debilidad que tiene ahora mismo la española, que nos devolvería a la pobreza, impotencia y desesperación de los años 50.

La interesada sinrazón de la izquierda española no para de acusar al Gobierno de haber iniciado la destrucción del estado de bienestar. Con ello la izquierda solo confirma su divorcio de la realidad. Porque, si una reducción del estado de bienestar fuera necesaria como parte de las bajas que hay que aceptar para ganar la guerra, solo podemos decir así sea para poder recuperar ese estado de bienestar para nuestros hijos y nietos. El precio de ganar la guerra puede ser alto, pero mucho más alto será perderla. Y para ganarla, hay que hablar a cada uno en el idioma que entiende.

La Marcha Negra llega a Madrid

Publicado: 08/07/2012 de Rafael Pizarro en Economía, Política Nacional
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La conocida como Marcha Norte de los mineros tras atravesar el túnel de Guadarrama

La Marcha Negra de los mineros llegó a la Comunidad de Madrid este domingo y, dos días después, el martes 10 de julio, unirá sus dos columnas con el objetivo de celebrar una manifestación el miércoles 11.00 de julio a las 11 horas entre la Plaza de Colón y el Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

En la noche del martes, está previsto que se unan en Madrid las dos columnas de la Marcha Negra, esto es, la ‘Norte’, compuesta por mineros de Asturias y León, y la de Aragón. En el caso de la primera columna, los mineros habrán recorrido más de 400 kilómetros antes de llegar a Madrid.

VIDEO DE LOS MINEROS ENTRANDO EN COLLADO VILLALBA (08-07-2012)

En el caso de la columna ‘Norte’, este domingo los mineros atravesaron el Túnel del Guadarrama, tras lo que descendieron hasta Collado Villalba, donde llegaron sobre las 13.00 horas, con una memorable y emotiva recepción en las inmediaciones del Planetocio de Villalba. Hubo una festiva comida y durmieron en el polideportivo “Kike Blas” (C/Ferial s/n).

El lunes saldrán hacia Aravaca y serán recibidos en Las Rozas a  las 11.00 horas, mientras que el martes se dirigirán a Moncloa, donde llegarán a las 22.00 horas para unirse a la marcha de Aragón para realizar una marcha nocturna.

De su lado, la marcha de Aragón llegará a la Comunidad de Madrid este domingo a través del Corredor del Henares, procedente de la localidad alcarreña de Azuqueca de Henares. En torno a las 9.00 ó  9.30 horas entrará en el municipio de Meco. Posteriormente, los mineros se dirigirán a Alcalá de Henares, donde cerca de las 13.00 horas tienen previsto dirigir unas palabras  desde la Plaza de Cervantes. El lunes se dirigirán a Alcobendas, a cuya Plaza Mayor llegarán a las 13.00 horas. A las 7.00 horas del martes saldrán en dirección a la Ciudad Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid para  reunirse a las 22.00 horas con sus compañeros del Norte.

La selección de los mineros

Publicado: 26/06/2012 de Rafael Pizarro en Economía, Política Nacional
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Su lucha siempre es una inspiración, siempre lo ha sido. Tienen más agallas y van a por el “partido”.

Columna de mineros asturianos presos durante la Huelga Revolucionaria de 1934

Su sufrimiento ha calado en el pueblo, en cualquier lugar del mundo. Recordemos, por ejemplo, el episodio épico de los 33 en Chile.

El audio del video de Youtube que sigue es del programa de Radio Nacional de España “Carne Cruda” del domingo 24 de Junio. Esperemos que el redactor siga mañana en su puesto, porque es valiente lo que dice y merece la pena escucharlo.

LA HIPOCRESÍA AHOGA EL CARBÓN

José Manuel Soria (Ministro de Industria), el que se niega a negociar

Nos parece absolutamente hipócrita que se hable del despilfarro de las subvenciones mineras (poco más de 300 millones de euros al año) cuando actualmente está comprometida la propia quiebra del conjunto del Estado español a la hora de asegurar la viabilidad y el funcionamiento de la banca de los capitalistas, cuya especulación inmobiliaria y elevación artificial del precio del suelo se pretende asegurar y santificar, en base al aval de las propiedades del Estado, aunque ello signifique la pérdida del bienestar durante años y décadas para la clase trabajadora de este país.

Estas comarcas dependen totalmente de la minería hoy por hoy. O se invierte en ellas por parte del Estado creando otra industria productiva, cosa que sí es posible, o se condena a las mismas y a decenas de miles de sus habitantes, al paro, miseria y emigración, plaga que en particular viene asolando a Asturias en las últimas décadas.

Ante todo lo que nos estamos jugando, una victoria de los mineros daría un impulso enorme al movimiento general contra la austeridad y los recortes.

EL SACRIFICIO DE LOS DE SIEMPRE

La práctica intervención de la economía española por parte de sus acreedores internacionales debe marcar un punto de inflexión en las organizaciones sindicales de cara a defender un programa claro que, hoy en día, dé respuestas concretas a los problemas más acuciantes que sufrimos. En primer lugar, hay que denunciar cómo hay dinero de sobra para garantizar un futuro en las comarcas mineras, al igual que en las comarcas donde están en riesgo los astilleros, o cualquier otra industria que se pretenda cerrar.

En el último febrero las rentas del capital (empresarios y banqueros) sobrepasaron por primera vez en los últimos 35 años a las rentas del trabajo (los asalariados y parados) en la distribución del conjunto de la renta española ¡Pero los ricos no invierten su dinero para crear industria competitiva o empleo! Ante la necesidad existente, pretenden con sus leyes que trabajemos más tiempo por menos salario. Al mismo tiempo, decenas de miles de millones de euros han salido del país, tan solo el mes pasado (de capital extranjero, pero también… ¡De los capitalistas españoles que tantos sacrificios nos piden!).

Hay qué decidir quién controla esos capitales, quién los invierte y en qué: si van a la especulación con la Deuda española (como están haciendo ahora los principales bancos españoles) o sirven para ponerse al servicio de la inmensa mayoría y crear riqueza ante la necesidad acuciante que estamos sufriendo.

Otra Europa es posible.

LA MARCHA NEGRA

En el recuerdo tienen la histórica marcha de 1992, la primera de todas, con Felipe González en La Moncloa, en la que participaron 500 mineros. La segunda tuvo lugar en 2010, aunque entonces acabó en León.

La lucha del carbón continúa a pie para que el futuro no sea negro. Más de 200 mineros de Asturias, Castilla y León y Aragón han emprendido hoy la tercera Marcha Minera rumbo a Madrid para exigir la continuidad de las ayudas estatales al sector, que se han reducido en un 64%. Tres columnas, una por cada comunidad autónoma, desafiarán al calor y a los casi 500 kilómetros hasta el centro de la capital, donde esperan llegar el 11 de julio para participar en una gran manifestación.

La Marcha Negra ha comenzado a las 10.00 horas del 22 de Junio con tres columnas partiendo desde tres puntos emblemáticos: 120 de Bembibre y Villablino (León), 80 de Mieres (Asturias) y 40 de Andorra (Teruel).

Por el camino se volvieron a repetir los gritos y aplausos de ánimo de una población que está íntimamente ligada a la minería del carbón. Los mineros de la Marcha Negra, cuyas conversaciones han girado alrededor de los últimos logros deportivos (el ascenso de la Ponferradina y las victorias de Fernando Alonso y la Selección Española), aseguran que estos días “juegan en casa” pero que lo peor llegará cuando alcancen “las llanuras de Castilla”. De momento el peor problema es caminar bajo el sol con temperaturas de más de 30 grados.

La previsión es llegar a Madrid el 11 de julio y protagonizar en la capital de España una gran manifestación con mineros y vecinos de todas las comarcas mineras de España aunque su deseo sería, según han reconocido, que el ministro del ramo, José Manuel Soria, diese mañana una solución que les permitiera volver a casa.

[+INFO VIDEO TVE sobre el actual conflicto de la minería en España]

Siempre se ha dicho que los niños vienen al mundo con un pan debajo del brazo, pero todos los que hemos sido o hecho de padres sabemos que es mentira. Lo mismo puede decirse de nuestros partidos políticos, que vienen al mundo con una etiqueta. El Partido Popular enarbola la bandera nacional como si le perteneciera, como si solo él tuviera un sentido del patriotismo y la defensa de los valores que nos definen como sociedad. Los partidos de izquierda, presumen de ética. Cien años de honradez, pregonaba el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra cuando ganó las elecciones en el 82. Y a continuación se lanzó a una frenética orgía de arbitrariedad y abuso de poder que fue desde el crimen de estado hasta el expolio puro y duro, dando lugar a chascarrillos que circulaban –y entonces no existía Internet a nivel ciudadano de a pie- como el de la receta de “pato a la socialista” que empezaba diciendo “se roba un pato ….”. Pero quizás lo más terrible e imperdonable que hizo aquel tándem, por afectar a la totalidad de los ciudadanos y generaciones venideras, fue la frialdad, crudeza y cinismo con que sistemáticamente nos desposeyeron de gran mayoría de los derechos y libertades que creíamos haber ganado con la democracia, y que el anterior gobierno de UCD había respetado e incluso incrementado.

Por alguna razón misteriosa, sin duda un mecanismo que actúa en el subconsciente y transcribe mensajes subliminales, la izquierda se considera la portadora de la antorcha de la ética y así lo pregonan a diestro y siniestro.  Se autodefinen como progresistas, aunque no se observa progreso alguno, como no sea en despilfarro, amiguismo y pérdida de libertades, en los sitios donde gobiernan o han gobernado. De hecho, la izquierda más pura y radical solo ha conseguido llegar al poder y gobernar a punta de bayoneta y represión, lo que no parece muy directamente relacionado con la ética o el progreso. Cambie usted a un dictador con botas por otro de alpargata y tendrá dos cosas seguras: seguirá en dictadura y el nuevo dictador pronto calzará botas. Todos los mayores recordamos el cambio de chaqueta de pana del dúo González-Guerra, en la oposición, por los trajes de Armani una vez en el poder. Pero ahí están, dando lecciones de ética.

Pero nada como una crisis, del tipo que sea, para destapar y reflejar la verdadera imagen de alguien o algo en el espejo de la vida.

Es cierto que no ha sido solo la izquierda quien nos ha llevado al punto en el que está nuestra economía, que obliga a la gente a sufrir mientras los causantes contemplan sonrientes y sin el menor rubor sus crecientes patrimonios. Ha sido la arrogancia e impunidad, tanto en la izquierda como en la derecha, que favorece nuestro sistema electoral. Pero es la izquierda quien enarbola el estandarte ético, lo cual no deja de ser grotesco a la vista de sus acciones y declaraciones públicas.

El peronismo argentino, país que había fomentado y atraído inversiones exteriores para reconstruir sus deterioradas infraestructuras, explotar mejor sus recursos naturales y fortalecer su maltrecha economía, decide que esas infraestructuras y recursos naturales deben “volver al pueblo” –léase a ellos- y, sin más, los expropia. Lo mismo hace la izquierda que gobierna en Bolivia y todos recordaremos, sin duda, la imagen en directo de Hugo Chávez en un pueblo de Venezuela diciendo “expropie, Sr. Alcalde, expropie”.

En Grecia, la izquierda del Sr. Tsipras declaró públicamente que su partido consideraba ilegales las condiciones que el gobierno anterior había aceptado y firmado para recibir ayuda y poder atender sus obligaciones y pagar los sueldos de sus funcionarios. No le hemos oído declarar la ilegalidad de los desmadres, públicos y privados, que han llevado a Grecia donde está, sino solo las ayudas para poder salir del hoyo en que se ha metido. Curiosamente, una buena parte de la población, con claro espíritu de Zorba, ha estado de acuerdo con él y le ha votado.

Y para completar el cuadro, tal enfoque ha recibido además apoyo intelectual a nivel universitario. Hace pocos días, François Chesnais, Profesor Emérito de la Universidad de París XIII, aconsejaba a España hacer lo mismo que habían hecho Argentina y Ecuador en su momento: declarar la deuda pública ilegal y no pagarla. Para él, Latinoamérica y su experiencia en la declaración de deudas públicas como ilegítimas es un modelo a seguir y va por el mundo escribiendo libros y dando conferencias sobre ello. A mí me gustaría conocerle para pedirle un préstamo, porque su teoría es un chollo. “François, por favor, préstame 100€ que ya te los devolveré en cuanto cobre la pensión a fin de mes”. Y una vez cobrada, “amigo François, examinado el préstamo que me hiciste, lo declaro ilegítimo y no te lo devuelvo”. O no pago la nevera que compré a plazos, porque declaro ilegítimo el beneficio comercial, por considerarlo alto, que tiene sobre ella la tienda que me la vendió. Y, como demostración de mi repulsa, me quedo además con la nevera. Sería genial que pudiéramos vivir así, ¿no? En la mente de Zorba, el griego, un mundo como ese sería el paraíso.

Pero resulta que este curioso economista es marxista; militante del Nuevo Partido Anticapitalista francés; escribe regularmente en el Collective Carré Rouge y en Critique Communiste; lo hizo en la desaparecida revista Socialisme ou Barbarie –única publicación que conozco que decía la verdad sobre el “socialismo” de su época, aunque lo que realmente predicaba era anarquismo-; ha publicado numerosos trabajos críticos contra el capitalismo así como de adaptación del marxismo a los tiempos actuales; y es, por tanto, un abanderado de la izquierda en su más pura y desnuda versión. Y yo pregunto: ¿es que estos portadores del gallardete ético, defensores de la igualdad, de la justicia social y de la equidad, cada vez que ponen en marcha una receta, ésta tiene que empezar por “se roba un pato …”?