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Lección de ética y pundonor

Publicado: 03/04/2012 de Fernando Lario en Política Nacional
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Luís López Jiménez, Diputado del PSOE en Las Cortes por Almería, renunció a su escaño en el Congreso la semana pasada y entregó su Acta alegando que “no se sentía útil” y prefería dejar el puesto a alguien más capacitado para la considerable responsabilidad que el cargo exigía. Creo que este señor posee un considerable sentido del humor, algo que yo siempre he valorado positivamente.

Porque su carrera y actuaciones políticas, alabadas a veces incluso por sus adversarios del PP, no parecen ser precisamente las de un inútil. Maestro Nacional y Licenciado en Derecho, Luís López tuvo varios cargos en Almería, generalmente relacionados con políticas sociales, siendo el último de ellos el de Delegado Provincial de Igualdad y Bienestar Social, que ejerció durante 14 años hasta que también dimitió en septiembre de 2010.

La prensa almeriense, que ya había dado cuenta de duros enfrentamientos de Luís López con la cúpula provincial del PSOE –que dimitió masivamente nueve meses más tarde-, llegando éste a pedir la convocatoria de un Congreso Extraordinario porque sus dirigentes habían llevado al Partido a un punto en el que “no se podía caer más bajo” se hizo bastante eco de aquella dimisión, como ahora lo ha hecho de la nueva como Diputado.

Digo que tiene sentido del humor porque suena a chiste que alguien que ha ejercido cargos públicos durante tantos años diga que no se siente capacitado para ejercer el cargo de Diputado, donde la única capacitación requerida es decir que sí al “jefe” todo el rato y apretar el botón para votar lo que “él” propone, convenga o no a sus representados en Almería.

En realidad, y como decía hace poco un amigo mío y vecino de Colmenarejo, el Estado ahorraría una considerable cantidad de dinero si en vez de tener los carísimos 350 diputados, con todos sus diezmos y prebendas –y para qué vamos a hablar del Senado- el Congreso estuviera compuesto solo de un diputado por cada partido que hubiera obtenido votos suficientes para tener representación parlamentaria, y el voto de cada uno de ellos contara en función de dicha representación. Un ordenador de 1.000 € podía ahorrarnos los 30 millones al año que, tirando por lo bajo, nos cuestan los supuestos representantes de la soberanía nacional, que solo lo son de sus partidos. Si aplicamos ese mismo criterio al Senado y a las cámaras autonómicas, el ahorro se aproximaría a los 200 millones anuales, con exactamente el mismo resultado que tenemos ahora. Es decir tendríamos la misma partitocracia, pero muchísimo más barata.

D. Luís López justificó su decisión ante la prensa local de Almería diciendo que “mi trayectoria en la vida pública se ha desarrollado en la gestión directa y en ella me he sentido realizado personalmente”. No resulta difícil comprender que alguien cuya vida se ha centrado alrededor de esa gestión directa sienta repugnancia en ejercer un cargo que no se ha ganado y cuya única actividad consiste en votar no como cree que honestamente debe hacerlo, sino como le manda quien le puso allí.

Creo que Luís López se merece nuestro aplauso y respeto por rebelarse ante el vasallaje político de nuestra jocosamente llamada democracia. Si hubiera unos pocos más como él, tal vez se forzara un cambio del sistema, pasáramos realmente a ser una democracia, el Congreso representaría de verdad la soberanía nacional, y los miembros de las distintas cámaras dejarían de ser unos parásitos del sistema para ostentar la representación y ganarse el respeto de los ciudadanos que les votaron.