Posts etiquetados ‘ética política’

Siempre se ha dicho que los niños vienen al mundo con un pan debajo del brazo, pero todos los que hemos sido o hecho de padres sabemos que es mentira. Lo mismo puede decirse de nuestros partidos políticos, que vienen al mundo con una etiqueta. El Partido Popular enarbola la bandera nacional como si le perteneciera, como si solo él tuviera un sentido del patriotismo y la defensa de los valores que nos definen como sociedad. Los partidos de izquierda, presumen de ética. Cien años de honradez, pregonaba el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra cuando ganó las elecciones en el 82. Y a continuación se lanzó a una frenética orgía de arbitrariedad y abuso de poder que fue desde el crimen de estado hasta el expolio puro y duro, dando lugar a chascarrillos que circulaban –y entonces no existía Internet a nivel ciudadano de a pie- como el de la receta de “pato a la socialista” que empezaba diciendo “se roba un pato ….”. Pero quizás lo más terrible e imperdonable que hizo aquel tándem, por afectar a la totalidad de los ciudadanos y generaciones venideras, fue la frialdad, crudeza y cinismo con que sistemáticamente nos desposeyeron de gran mayoría de los derechos y libertades que creíamos haber ganado con la democracia, y que el anterior gobierno de UCD había respetado e incluso incrementado.

Por alguna razón misteriosa, sin duda un mecanismo que actúa en el subconsciente y transcribe mensajes subliminales, la izquierda se considera la portadora de la antorcha de la ética y así lo pregonan a diestro y siniestro.  Se autodefinen como progresistas, aunque no se observa progreso alguno, como no sea en despilfarro, amiguismo y pérdida de libertades, en los sitios donde gobiernan o han gobernado. De hecho, la izquierda más pura y radical solo ha conseguido llegar al poder y gobernar a punta de bayoneta y represión, lo que no parece muy directamente relacionado con la ética o el progreso. Cambie usted a un dictador con botas por otro de alpargata y tendrá dos cosas seguras: seguirá en dictadura y el nuevo dictador pronto calzará botas. Todos los mayores recordamos el cambio de chaqueta de pana del dúo González-Guerra, en la oposición, por los trajes de Armani una vez en el poder. Pero ahí están, dando lecciones de ética.

Pero nada como una crisis, del tipo que sea, para destapar y reflejar la verdadera imagen de alguien o algo en el espejo de la vida.

Es cierto que no ha sido solo la izquierda quien nos ha llevado al punto en el que está nuestra economía, que obliga a la gente a sufrir mientras los causantes contemplan sonrientes y sin el menor rubor sus crecientes patrimonios. Ha sido la arrogancia e impunidad, tanto en la izquierda como en la derecha, que favorece nuestro sistema electoral. Pero es la izquierda quien enarbola el estandarte ético, lo cual no deja de ser grotesco a la vista de sus acciones y declaraciones públicas.

El peronismo argentino, país que había fomentado y atraído inversiones exteriores para reconstruir sus deterioradas infraestructuras, explotar mejor sus recursos naturales y fortalecer su maltrecha economía, decide que esas infraestructuras y recursos naturales deben “volver al pueblo” –léase a ellos- y, sin más, los expropia. Lo mismo hace la izquierda que gobierna en Bolivia y todos recordaremos, sin duda, la imagen en directo de Hugo Chávez en un pueblo de Venezuela diciendo “expropie, Sr. Alcalde, expropie”.

En Grecia, la izquierda del Sr. Tsipras declaró públicamente que su partido consideraba ilegales las condiciones que el gobierno anterior había aceptado y firmado para recibir ayuda y poder atender sus obligaciones y pagar los sueldos de sus funcionarios. No le hemos oído declarar la ilegalidad de los desmadres, públicos y privados, que han llevado a Grecia donde está, sino solo las ayudas para poder salir del hoyo en que se ha metido. Curiosamente, una buena parte de la población, con claro espíritu de Zorba, ha estado de acuerdo con él y le ha votado.

Y para completar el cuadro, tal enfoque ha recibido además apoyo intelectual a nivel universitario. Hace pocos días, François Chesnais, Profesor Emérito de la Universidad de París XIII, aconsejaba a España hacer lo mismo que habían hecho Argentina y Ecuador en su momento: declarar la deuda pública ilegal y no pagarla. Para él, Latinoamérica y su experiencia en la declaración de deudas públicas como ilegítimas es un modelo a seguir y va por el mundo escribiendo libros y dando conferencias sobre ello. A mí me gustaría conocerle para pedirle un préstamo, porque su teoría es un chollo. “François, por favor, préstame 100€ que ya te los devolveré en cuanto cobre la pensión a fin de mes”. Y una vez cobrada, “amigo François, examinado el préstamo que me hiciste, lo declaro ilegítimo y no te lo devuelvo”. O no pago la nevera que compré a plazos, porque declaro ilegítimo el beneficio comercial, por considerarlo alto, que tiene sobre ella la tienda que me la vendió. Y, como demostración de mi repulsa, me quedo además con la nevera. Sería genial que pudiéramos vivir así, ¿no? En la mente de Zorba, el griego, un mundo como ese sería el paraíso.

Pero resulta que este curioso economista es marxista; militante del Nuevo Partido Anticapitalista francés; escribe regularmente en el Collective Carré Rouge y en Critique Communiste; lo hizo en la desaparecida revista Socialisme ou Barbarie –única publicación que conozco que decía la verdad sobre el “socialismo” de su época, aunque lo que realmente predicaba era anarquismo-; ha publicado numerosos trabajos críticos contra el capitalismo así como de adaptación del marxismo a los tiempos actuales; y es, por tanto, un abanderado de la izquierda en su más pura y desnuda versión. Y yo pregunto: ¿es que estos portadores del gallardete ético, defensores de la igualdad, de la justicia social y de la equidad, cada vez que ponen en marcha una receta, ésta tiene que empezar por “se roba un pato …”?


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John Profumo y su amante Christine Keeler

En 1961, en lo más álgido de la Guerra Fría, John Profumo, un político y miembro del Parlamento británico con una brillante carrera militar detrás de él y ocupando en aquel momento el cargo de Ministro de Defensa, tuvo una intensa, aunque breve, aventura extramatrimonial con una modelo llamada Christine Keeler. El tema fue llevado con bastante discreción, a pesar de lo cual miembros de la prensa observaron sus idas y venidas y desarrollaron un cierto interés por aquella señora; lo que les llevó a descubrir que ella compartía lecho y juegos malabares eróticos con otros caballeros, entre los cuales estaba nada menos que el Agregado Naval a la Embajada Soviética.

Que un Ministro de Defensa comparta compañera de cama nada menos que con un Capitán de Navío enemigo, cuya misión fundamental no era otra que el espionaje, no es asunto baladí. Sin embargo, ninguno de los dos parecía conocer la relación de la Sra. Keeler con el otro; John Profumo era un ex-militar condecorado y un buen patriota; el servicio de contraespionaje (MI5) quedó satisfecho de que no había habido filtraciones que afectaran a la seguridad nacional; y la prensa, que entonces no era sensacionalista, archivó el tema como algo de índole privada.

La prensa, pero no así la Oposición del malvado Partido Laborista, que llevaba unas cuantas legislaturas –que allí son de 5 años- lamiéndose las heridas de derrota tras derrota ante los Conservadores. Así que un aciago día un miembro de la Oposición se puso en pie y le preguntó directamente si había tenido una relación íntima con Christine Keeler. La respuesta formal de Profumo fue que conocía a esa señora pero que su relación con ella no había sido en ningún momento impropia. Y ahí saltó el escándalo, porque ese miembro de la Oposición tenía datos de que eso era mentira; y mentir en el Parlamento británico es una falta que se considera imperdonable. Y el hombre, que había sobrevivido al desembarco en Normandía y a los durísimos combates que siguieron hasta que la cabeza de playa quedó consolidada, no sobrevivió políticamente a una mentira en el Parlamento. Se vio obligado a dimitir de todos sus cargos y a abandonar el partido, dedicando el resto de sus días al voluntariado en una ONG. Murió, en total oscuridad, hace 6 años. Cuando yo llegué a Inglaterra en 1963, dos años después del incidente, aún coleaba el tema y era motivo de conversación. Los Conservadores perdieron las elecciones de 1964 y una de las razones que circulaban fue la mentira de Profumo en el Parlamento.

Y ustedes se preguntarán por qué les he contado esta vieja historia. Pues ha sido para establecer un contraste entre la praxis política británica y la de no ya nuestro Parlamento sino del pueblo español en general. Se puede resumir, para no alargar demasiado la cosa, así:

1.- La carrera política de Profumo se truncó solo por mentir. En el Parlamento español, la mentira es moneda de cambio. Es más, posiblemente se arruinaría la carrera de quien insistiera en decir la verdad.

2.- Al igual que John Profumo, otros miembros del Parlamento británico acusados de algo indigno han visto sus carreras destrozadas. Aquí, aún estando acusados de algo no ya indigno sino directamente ilegal, se les mantiene alegando la presunción de inocencia –que es legítima en un tribunal de justicia pero no lo es en un cargo político, para el que no cabe presumir nada.

3.- El pueblo británico castigó al diputado embustero y a su partido, que perdió las elecciones un par de años después. En España, entre el 60% y el 70% de todos los alcaldes con procesos judiciales pendientes por corrupción, han sido reelegidos por los ciudadanos tanto en las elecciones del 2007 como en las pasadas de 2011. Es decir, mientras que el pueblo británico piensa que quien miente en el Parlamento no es digno de sentarse en él, el español considera que robar no es indigno ni ilícito, siempre que no le roben a él directamente, claro.

4.- Los políticos británicos “tocados” desaparecen de la vida pública, dedicándose a otros quehaceres. Aquí, como con frecuencia no sirven para otra cosa, siguen comiendo del erario público en puestos de escasa visibilidad o en las listas de sus partidos en las diversas cámaras y consistorios del país.

Con esto creo haber explicado por qué yo, prácticamente todos los días, me avergüenzo de ser español.

[+INFO:  Video Youtube con la película “SCANDAL” sobre el affair John Profumo]

Un día, cuando mi hijo tenía 16 años, se encontró una cartera en la calle con 16.000 pesetas, que entonces era bastante más dinero de lo que hoy son 100 €, su equivalente. Además del dinero, la cartera contenía la documentación, tarjetas de visita, fotos y todo lo que solemos llevar en nuestras carteras, por lo que no fue difícil localizar a su dueño y telefonearle. Cuando el hombre vino y vio que le entregaban la cartera con las 16.000 pesetas, no se lo creía.

Por aquella época, en una reunión de altos directivos de una gran empresa española, observé, en un descanso para tomar café, que uno de ellos tenía mala cara y le pregunté qué le pasaba. Me contestó que el día antes había tenido que ir a comisaría porque a su hija de 14 años la habían cogido, junto con un par de amigas, robando en unos conocidos almacenes. Otro alto directivo que le oyó intervino diciendo “bueno, eso todos”; a lo que yo, un tanto bruscamente, le contesté “perdona, los míos no”.

Algunos años antes de eso, un Senador canario había sido detenido por robar en los almacenes Selfridge’s de Londres. Su reacción al ser interceptado en la puerta fue el típicamente español “usted no sabe con quien está hablando”; pero no le valió de nada, fue conducido ante el juez y éste no solo le puso, dado su cargo y el uso que pretendió hacer de él, la multa más alta que le permitía la ley sino que además le echó una monumental filípica para su vergüenza pública en una sala atestada de periodistas. El incidente fue ampliamente cubierto por todos los periódicos españoles y todo el mundo asumía que iba a ser fulminantemente expulsado del partido al que pertenecía. Sin embargo, para sorpresa de algunos, que no de todos, el más alto dirigente del partido declaró que se trataba de un delito cometido fuera de territorio español y por el que el Senador ya había pagado la sanción correspondiente. Y allí siguió, tan tranquilo, como un representante más de la soberanía nacional. Solo era un chorizo, pero eso no importaba.

Más recientemente, cuando empezaron a circular por todas las peluquerías de Colmenarejo comentarios jocosos sobre supuestas contraprestaciones económicas que se decía habían recibido algunas personas por facilitar una controvertida recalificación, un comentario, por supuesto anónimo, en una conocida página web manifestó que “si los beneficiados eran del pueblo, al menos todo quedaba en el pueblo”. Tal cual.

La relación entre estas cuatro historias, y muchas más que podrían contarse y que mucha gente conoce, no es necesario explicarla porque salta a la vista. El factor común a todas es falta de ética, que está totalmente institucionalizada. En España, el que roba no es considerado ladrón, sino listo. A nivel político y, lo que es peor, a nivel familiar. No cabe esperar que un niño devuelva una cartera sin quedarse con el dinero que contiene, si lo que oye en su casa habitualmente son frases de admiración y alabanza hacia quienes se apropian de lo que no es suyo. El problema yace en el seno de la propia unidad familiar y por ello es tan difícil de erradicar.

Durante la campaña electoral de Andalucía, el tema de los EREs falsos ha sido noticia casi diariamente. Una vez pasadas las elecciones, nadie habla de ello. Lo que ayer interesaba políticamente que fuera pecado mortal digno de condenación eterna, hoy solo parece interesar al juzgado que lleva el caso. Los mal llamados medios de comunicación –su verdadero nombre debería ser herramientas de adoctrinación- se pliegan a los intereses políticos que les dan de comer y presentan noticias y comentarios de un modo sesgado. No solo carecemos de ética, sino que la usamos como un arma de conveniencia.

Nuestros acreedores –eso que llamamos mercados- lo saben porque es su obligación saber cómo y a quién prestan su dinero, que tampoco es suyo y del que tienen que rendir cuentas. Y por eso no se creen lo que les decimos y prometemos, porque ya no pueden darnos ni siquiera el beneficio de la duda. ¿Prestaría usted su dinero a Zorba, el griego, el famoso personaje de la novela y película que lleva su nombre? Pues este país tiene muchos Zorbas; y lo malo es que gran parte de ellos se han dedicado a la política.

Va a ser un duro y penoso 2012, y lamentablemente solo estamos en abril.